El lago Urmía era hasta hace
unos años una atracción turística solemne. Hoy, el lago se ha convertido en un
páramo salino, en el que no hay peces, porque nunca los hubo, ni apenas aves.
Ni turistas.
Los expertos aseguran que en
la actualidad solo contiene el 5% del agua que tenía hace veinte años. La
evaporación del lago lo ha transformado en un descomunal salobral de 5.200 km2,
con una profundidad máxima de 16 metros en los tramos más hondos.
Las causas que explican este
desastre ecológico son las de siempre. Políticas medioambientales agresivas,
calentamiento global, despilfarro de agua y una sequía prolongada por la falta
de lluvias.

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